"Siempre iba con sus cascos y su paraguas gris, ignorando a la raza humana porque esta lo detestaba. Cuando me miraba sonreía y se formaban esos extraños cosquilleos en el centro de mi estómago, esas eclosiones de millones de mariposas.
Nunca nos acercábamos el uno al otro en el bus, siempre quedaba esa distancia de un metro y medio que nos separaba. En la universidad era otra cosa, otra persona distinta. Era más competitivo y su sonrisa se convertía en una línea recta de labios fruncidos. Hasta que nos chocamos accidentalmente.
Ese accidente me costó el corazón y parte de mi alma.
Él y yo nos veíamos en el bus y me sonreía y yo le sonreía sin embargo, la distancia seguía siendo la misma."
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